PLAN DE MEJORAMIENTO

 

Lea detenidamente el siguiente texto y responda las preguntas que aparecen al final.

Cuento de ciencia ficción: "Una muerte" de Oesterheld


UNA MUERTE de Héctor Germán Oesterheld


Yo andaba investigando la muerte del Jon.
Las huellas, luego de contornear todo el pueblo, me llevaron hasta la pequeña casa junto al río, casi perdida entre los juncos.
No hacía frío, pero igual me subí las solapas del abrigo y hundí las manos en los bolsillos.
Subí cinco escalones no muy seguros, empujé la puerta, entré. Jaulas, pajareras por todas partes. De fabricación casera. Pájaros de colores: cotorras, cardenales, pechos colorados, canarios. Pájaros grises, pájaros marrones. Grandes y chicos. Avancé: fue como entrar en una nube de píos, trinos, gorjeos. Y de olor denso, cálido.
De entre dos pajareras salió el hombre. Tricota agujereada, cabeza blanca. Ojos curiosamente grandes y claros en el rostro ceniciento, lleno de arrugas; un rostro muy gastado, pero abierto, cordial.
- Hace tres días... - empecé.
Y me detuve. Me miró por un momento. Miró al piso, volvió a mirarme. Ya nos estábamos entendiendo.
- ¿Amigo suyo?
- Asentí.
- ¿Sabe lo que..., lo que le pasó?
Volví a asentir.
- Me lo imagino. Sé que estaba muy enfermo.
Me acercó una silla de paja. Él se sentó en un cajón vacío.
- Ahora que lo pienso - se rascó la cabeza -, quizás debí decírselo a la policía. Pero cuando sucedió no me pareció necesario. No hubieran comprendido nada; usted me entiende.
- Por supuesto.
- Ya todos me creen loco, sin necesidad de un cuento semejante - sacudió la cabeza, tenía las manos sobre las rodillas flacas; manos de dedos largos, delicados-. Además, ¿por qué habría de elegir mi casa para morir? El comisario no lo entendería nunca. Claro, podía haber ido al médico. O a ver al cura. Pero no, tuvo que caminarse toda la distancia hasta aquí.
Yo sólo sabía que el Jon estaba muerto. Lo dejé hablar.
- Aunque creo saber por qué me eligió a mí, al "Churrinche", el loco "Churrinche", el pajarero... Él sabía que yo era el único en todo el pueblo que lo dejaría morir tranquilo y sin preguntas. De tanto andar con animales uno termina por amigarse, por entender a todo lo vivo, venga de donde venga...
Me miró con los ojos claros: tenían algo de charcos de agua quieta. Yo hubiera hecho lo mismo que el Jon.
- Claro, al principio me tomó por sorpresa; yo no estaba preparado para verlo. Llegó del lado del río, lo sentí chapotear en el juncal; cuando subió los escalones creí que era José o el Negro, o cualquiera de los vagabundos de siempre. Tardó en entrar, el último escalón le costó mucho trabajo; pensé que estaría borracho, no le hice caso. Pero, al llegar a la puerta se apoyó en el marco, y recién entonces me di cuenta al verle la mano, tan verde y con los siete dedos.
Se levantó, fue hasta un brasero donde temblaba una pava.
- ¿Un matecito?
- Dije que sí con la cabeza.
- Estaba que se caía - mientras hablaba puso yerba en un jarrito enlozado -. Me di cuenta de que se moría, pero no quiso que lo acostara; insistió en sentarse ahí, donde está usted. Y se quedó medio caído, los ojos cerrados.
- Sé que eres amigo - me dijo de pronto, marcando mucho las letras -. Por eso hice toda la distancia hasta aquí...Sé que cuidas pájaros... Por eso vine.
"- ¿Por los pájaros? - le pregunté.
"- Sí... Quiero pedirte un favor... ¿Podrías prestarme uno, uno cualquiera, hasta... hasta que no lo necesite más?
“Contesté que sí y le traje a la Manolita, la cotorra, que es la más mansita de todas. Se la ofrecí.
"- Gracias... - la mano le tembló cuando le puse el pájaro. Y Manolita se quedó tan quieta, tan cómoda entre los siete dedos -. Gracias... No tienes idea, pajarero, cómo tus pájaros se parecen a los sicalos nuestros... Son tan iguales...
"Le costó levantar la mano pero igual se tomó el trabajo, quería ver bien a Manolita.
" - Si uno sabe mirar, un solo pájaro..., un solo sicalo..., resume todas las bellezas de los mundos...
"Yo no decía nada, me daba tanta pena verlo respirar tan mal; además, cuando uno anduvo mucho entre animales sabe en seguida cuándo alguno se muere, así sea un perro o una persona o..."
El pajarero me tendió el humeante jarrito. Lo tomé con cuidado, para no quemarme.
- Su amigo apoyaba ahora la mano en la mesa, y no dejaba de mirar a la cotorra. Y volvió a hablar:
"- El pájaro..., el sicalo... es los días perdidos, es la infancia... Cuidar un pájaro es revivir la infancia... Por eso tú, pajarero, cuidas pájaros... No quieres desprenderte de la infancia...
"- No lo sé - le dije por decir algo -. Pero... ¿y los chicos que cuidan pájaros?

"- Los chicos que cuidan pájaros... Tienes razón... Los chicos no pueden recordar la infancia... - hizo una pausa, se quedó mirando largamente a la cotorra, que seguía quietecita en su mano; y de pronto agregó: - Los chicos que cuidan pájaros están recordando, reviviendo, sin saberlo, los días perdidos, la infancia de la especie...
"Volvió a callar, siguió mirando a Manolita. Y mirando, también, vaya uno a saber qué imágenes de otros tiempos, de otros lugares.
" - ¿Quiere agua?¿Está realmente cómodo?
"No me contestó.
"Afuera se acababa la tarde igual que ahora.
"Pensé que alguno podría venir, la sorpresa que se llevaría al verlo allí.
"Manolita se alborotó de pronto, aleteó, se me vino hasta el hombro.
"La mano verde seguía igual, apoyada sobre la mesa.
"No tuve que tocarlo para saber que ya estaba muerto.
"Cavé una fosa en el albardón, lo enterré en el mismo lugar donde entierro a los pájaros que se me mueren.
"Y allí está ahora. Pensé ponerle una cruz, pero no... ¿Qué mejor cruz para él que la misma de los pájaros, el sol de cada día?" Me levanté. Ya sabía todo lo que quería sobre la muerte del Jon.
- Gracias - le devolví el jarrito enlozado.
El Jon, después de todo, había tenido una muerte buena.
El pajarero se levantó también.
- ¿Eran muy amigos?
- Mucho.
Me tendió la mano.
Vacilé un momento, le tendí la mía.
Sonrió al sentir la presión de los siete dedos. Me dio una palmada en el hombro, me acompañó hasta la puerta.
Bajé los escalones, me fui por el juncal.
Ya había estrellas. Pero no, el Gelo no se veía. Demasiado distante.
Aunque no está tan lejos, pensándolo bien.
Un pájaro nocturno pasó volando bajo, en vuelo silencioso.
¿Un pájaro o un sicalo?

Taller 1

Busca el significado de las siguientes palabras;

 

Tricota:
Ceniciento:
Albardón:

Gelo:

 

Responda las siguientes preguntas:

1) ¿Cuál es el primer elemento extraño que aparece en el cuento?

2) Cuál es la actitud del pajarero hacia el Jon?

3) ¿Por qué tiene esa actitud?

4) ¿Qué revela el cuento hacia el final, respecto del amigo de Jon? ¿Cómo lo hace?

5) ¿Por qué afirma el pajarero que la policía no hubiera entendido nada?

5)¿Cuáles son los indicios mediante los cuales se muestra el momento en el que Jon muere?

6) La palabra “sicalo”, al igual que el “planeta Gelo”, han sido inventados por Oesterheld, tal vez con la intención de crear de manera ficticia  un mundo alternativo al que nos rodea. Escriba la definición de “sicalo” para un diccionario imaginario. En el cuento hay muy poca información acerca de los sicalos; ténganla en cuenta a la hora de escribir esta definición. Además deberán inventar otros datos referidos a cuestiones tales como: dónde viven los sícalos, de qué se alimentan, qué función cumplen en Gelo, etc.

7)
*¿Qué significado tiene el título?
*¿Qué relación guarda el titulo  con el contenido de la narración?
*¿De qué trata la narración? Resúmelo.
*¿Cuál es la idea central de la narración?

*¿Encuentras otros temas además del principal?
*¿Qué clase de narración es: política, fantástica, de misterio, realista, costumbrista, humorística, satírica? Argumenta
*¿Los personajes son reales o simbólicos y por qué?
*¿Descríbelos? ( física y Psicológicamente)
*¿Dónde y cuándo sucede la acción?
*¿Es una atmósfera de misterio, de paz, violenta, angustiosa? Argumenta
* ¿Qué persona gramatical lo narra?
*¿Cómo es la actitud del autor: humorística, satírica, didáctica, dramática?
*Uso del vocabulario sencillo o rebuscado.
*Presencia de las figuras del lenguaje, Cuáles.

*¿Cuáles son los valores que destaca la obra: estéticos, sociales, morales o religiosos? Argumenta

*¿Consideras que tenga algún fallo?

Cambia el final del cuento sin perder la trama (15 renglones)

 

8) Invéntate una historia diferente con la imagen del inicio del taller (una pág.)

FUNCIONES DEL LENGUAJE

Cuando utilizamos el lenguaje, lo hacemos con una intención específica. Puede ser para informar sobre algo, convencer a alguien, expresar sentimientos etc. Realiza este cuadro en el cuaderno.



       Taller 2

*Identifique qué función del lenguaje se manifiesta dentro de las siguientes expresiones:

 


*Con los siguientes fragmentos explica cada una de las funciones del lenguaje que estos poseen (escríbelos en el cuaderno).

-Aquí, rodeado del cruel egoísmo que como letal gas venenoso penetra hasta donde menos se espera, hasta el mismo subconsciente de cada persona que respira y piensa. Qué fácil es excusarse, qué difícil es hacer un esfuerzo para mirar más allá de la nariz de uno mismo y reconocer frente a un espejo hasta qué grado hemos sido afectados de una forma tan pero tan negativa por el asesino egoísmo.

- Sentaos -dijo manipulando un teclado situado sobre su mesa y señalando dos sillas que surgieron de la nada. En realidad, no eran sillas de madera u otro material convencional, sino simples campos magnéticos, cuyos contornos, dibujados por líneas luminosas producidas por rayos láser, se percibían claramente. El agente conectó la grabadora del PC y comenzó el interrogatorio.

-Estamos en un bar nuevo, por ejemplo, los dos solos, sentados cara a cara. Yo intentando diluir mi memoria y mis fantasmas a tragos de alcohol y el Lágrima bebiendo como siempre, como si le fuera la vida en ello, odiando también cada neurona nostálgica, cada pedazo de recuerdo incrustado. No le importa el sabor, se mete cualquier cosa, lo mezcla todo.

-Vivieron deprisa, eso está claro, pero además vivieron siempre en contra de la corriente, opuestos a todo lo bello que la vida les quiso ofrecer en el camino. En tan solo cinco meses llegaron a convertirse en los novios más felices sobre la atmósfera, pero dolorosamente solo llegaron a eso, ahora, él ronda su casa como queriendo proteger a las personas que siempre amó y seguirá amando. Así es el amor, va más allá de esta vida.

-Invéntate cinco ejemplos para cada una de las funciones del lenguaje (diferentes de los ya expuestos en este taller, en el cuaderno).

*Escribe un texto argumentativo sobre una relación amorosa o un noviazgo (mínimo una página). Deben aparecer claramente las funciones emotiva, referencial, apelativa y fática. Del mismo modo debes señalar cada una de estas funciones para poderlas identificar en el texto.

AL EXCMO. SR. DON PEDRO SABATER

Queréis volar, y os arrastráis despacio,

Y en pobre cieno vuestro afán se abisma

¡Salid, salid del tiempo y del espacio

¡Y traspasad vuestra esperanza misma!

 

Yo, como vos, para admirar nacida;

 

Yo, como vos, para el amor creada;

Por admirar y amar diera mi vida...

Para admirar y amar no encuentro nada.

 

Siempre el límite hallé: siempre, doquiera,

La imperfección en cuanto toco y veo

No juzgo al universo una quimera,

porque en él busco a Dios, porque en Dios creo.

 

Tú eres, ¡Señor!, belleza y poesía;

Tú solo, amor, verdad, ventura y gloria;

Todo es, mirado en Ti, luz y armonía;

 

Todo es, fuera de Ti, sombra y escoria.

 

¡Oh, desdichado quien -de juicio escaso

 

Hallar la dicha en lo finito intente

Quien en turbio licor y estrecho vaso

¡Quiera apagar la sed que interna siente!

Gertrudis de Avellaneda

Identifica el significado de las palabras desconocidas.

Redacta una interpretación propia del poema con tus palabras.

¿Qué relación con la búsqueda de la libertad se encuentra en el poema?

 Identifica al menos tres figuras retóricas y las señalas en el poema.  Averigua la vida de la poetisa y explica, qué sentido tiene el poema con su biografía.

 

COMPLETA LAS SIGUIENTE INFORMACIÓN:

1. Las palabras agudas son las que llevan el acento en la ___________________________ y se

les marca tilde cuando terminan en ____________________________________.

2. Las palabras graves son las que llevan el acento en la

__________________________________ y se les marca tilde cuando terminan

en_____________________________________________________.

3. Las palabras esdrújulas son las que llevan el acento en la

____________________________________________________________________________

____________ y llevan tilde ____________.

4. Las palabras sobreesdrújulas son las que llevan el acento en la ________________________

__________________________________________________________ y llevan tilde.

 

Responde

¿Qué es el verbo?

¿cómo se compone?

¿cuáles son los modos del verbo, explícalas?

¿cuáles son las formas del verbo, explícalas?

Escribe tres oraciones de cada modo del verbo. y escribe tres oraciones cada forma del verbo.

La Santa

         Veintidós años después volví a ver a Margarito Duarte. Apareció de pronto en una de las callecitas secretas del Trastévere, y me costó trabajo reconocerlo a primera vista por su castellano difícil y su buen talante de romano antiguo. Tenía el cabello blanco y escaso, y no le quedaban rastros de la conducta lúgubre y las ropas funerarias de letrado andino con que había venido a Roma por primera vez, pero en el curso de la conversación fui rescatándolo poco a poco de las perfidias de sus años y volvía a verlo como era: sigiloso, imprevisible, y de una tenacidad de picapedrero. Antes de la segunda taza de café en uno de nuestros bares de otros tiempos, me atreví a hacerle la pregunta que me carcomía por dentro.
         —¿Qué pasó con la santa?
         —Ahí está la santa –me contestó—. Esperando.
         Sólo el tenor Rafael Ribero Silva y yo podíamos entender la tremenda carga humana de su respuesta. Conocíamos tanto su drama, que durante años pensé que Margarito Duarte era el personaje en busca de autor que los novelistas esperamos durante toda una vida, y si nunca dejé que me encontrara fue porque el final de su historia me parecía inimaginable.
         Había venido a Roma en aquella primavera radiante en que Pío XII padecía una crisis de hipo que ni las buenas ni las malas artes de médicos y hechiceros habían logrado remediar. Salía por primera vez de su escarpada aldea de Tolima, en los Andes colombianos, y se le notaba hasta en el modo de dormir. Se presentó una mañana en nuestro consulado con la maleta de pino lustrado que por la forma y el tamaño parecía el estuche de un violonchelo, y le planteó al cónsul el motivo sorprendente de su viaje. El cónsul llamó entonces por teléfono al tenor Rafael Ribero Silva, su compatriota, para que le consiguiera un cuarto en la pensión donde ambos vivíamos. Así lo conocí.
         Margarito Duarte no había pasado de la escuela primaria, pero su vocación por las bellas letras le había permitido una formación más amplia con la lectura apasionada de cuanto material impreso encontraba a su alcance. A los dieciocho años, siendo el escribano del municipio, se casó con una bella muchacha que murió poco después en el parto de la primera hija. Ésta, más bella aún que la madre, murió de fiebre esencial a los siete años. Pero la verdadera historia de Margarito Duarte había empezado seis meses antes de su llegada a Roma, cuando hubo de mudar el cementerio de su pueblo para construir una represa. Como todos los habitantes de la región, Margarito desenterró los huesos de sus muertos para llevarlos al cementerio nuevo. La esposa era polvo. En la tumba contigua, por el contrario, la niña seguía intacta después de once años. Tanto, que cuando destaparon la caja se sintió el vaho de las rosas frescas con que la habían enterrado. Lo más asombroso, sin embargo, era que el cuerpo carecía de peso.
         Centenares de curiosos atraídos por el clamor del milagro desbordaron la aldea. No había duda. La incorruptibilidad del cuerpo era un síntoma inequívoco de la santidad, y hasta el obispo de la diócesis estuvo de acuerdo en que semejante prodigio debía someterse al veredicto del Vaticano. De modo que se hizo una colecta pública para que Margarito Duarte viajara a Roma, a batallar por una causa que ya no era sólo suya ni del ámbito estrecho de su aldea, sino un asunto de la nación.
         Mientras nos contaba su historia en la pensión del apacible barrio de Parioli, Margarito Duarte quitó el candado y abrió la tapa del baúl primoroso. Fue así como el tenor Ribero Silva y yo participamos del milagro. No parecía una momia marchita como las que se ven en tantos museos del mundo, sino una niña vestida de novia que siguiera dormida al cabo de una larga estancia bajo la tierra. La piel era tersa y tibia, y los ojos abiertos eran diáfanos, y causaban la impresión insoportable de que nos veían desde la muerte. El raso y los azahares falsos de la corona no habían resistido al rigor del tiempo con tan buena salud como la piel, pero las rosas que le habían puesto en las manos permanecían vivas. El peso del estuche de pino, en efecto, siguió siendo igual cuando sacamos el cuerpo.
         Margarito Duarte empezó sus gestiones al día siguiente de la llegada. Al principio con una ayuda diplomática más compasiva que eficaz, y luego con cuantas artimañas se le ocurrieron para sortear los incontables obstáculos del Vaticano. Fue siempre muy reservado sobre sus diligencias, pero se sabía que eran numerosas e inútiles. Hacía contacto con cuantas congregaciones religiosas y fundaciones humanitarias encontraba a su paso, donde lo escuchaban con atención, pero sin asombro, y le prometían gestiones inmediatas que nunca culminaron. La verdad es que la época no era la más propicia. Todo lo que tuviera que ver con la Santa Sede había sido postergado hasta que el Papa superara la crisis de hipo, resistente no sólo a los más refinados recursos de la medicina académica, sino a toda clase de remedios mágicos que le mandaban del mundo entero.
         Por fin, en el mes de julio, Pío XII se repuso y fue a sus vacaciones de verano en Castelgandolfo. Margarito llevó la santa a la primera audiencia semanal con la esperanza de mostrársela. El Papa apareció en el patio interior, en un balcón tan bajo que Margarito pudo ver sus uñas bien pulidas y alcanzó a percibir su hálito de lavanda. Pero no circuló por entre los turistas que llegaban de todo el mundo para verlo, como Margarito esperaba, sino que pronunció el mismo discurso en seis idiomas y terminó con la bendición general.
         Al cabo de tantos aplazamientos, Margarito decidió afrontar las cosas en persona, y llevó a la Secretaría de Estado una carta manuscrita de casi sesenta folios, de la cual no obtuvo respuesta. Él lo había previsto, pues el funcionario que la recibió con los formalismos de rigor apenas si se dignó darle una mirada oficial a la niña muerta, y los empleados que pasaban cerca la miraban sin ningún interés. Uno de ellos le contó que el año anterior había recibido más de ochocientas cartas que solicitaban la santificación de cadáveres intactos en distintos lugares del mundo. Margarito pidió por último que se comprobara la ingravidez del cuerpo. El funcionario la comprobó, pero se negó a admitirla.
         —Debe ser un caso de sugestión colectiva –dijo.br>          En sus escasas horas libres y en los áridos domingos de verano, Margarito permanecía en su cuarto, encarnizado en la lectura de cualquier libro que le pareciera de interés para su causa. A fines de cada mes, por iniciativa propia, escribía en un cuaderno escolar una relación minuciosa de sus gastos con su caligrafía preciosista de amanuense mayor, para rendir cuentas estrictas y oportunas a los contribuyentes de su pueblo. Antes de terminar el año conocía los dédalos de Roma como si hubiera nacido en ellos, hablaba un italiano fácil y de tan pocas palabras como su castellano andino, y sabía tanto como el que más sobre procesos de canonización. Pero pasó mucho más tiempo antes de que cambiara su vestido fúnebre, y el chaleco y el sombrero de magistrado que en la Roma de la época eran propios de algunas sociedades secretas con fines inconfesables. Salía desde muy temprano con el estuche de la santa, y a veces regresaba tarde en la noche, exhausto y triste, pero siempre con un rescoldo de luz que le infundía alientos nuevos para el día siguiente.
         — Los santos viven en su tiempo propio –decía.
         Yo estaba en Roma por primera vez, estudiando en el Centro Experimental de Cine, y viví su calvario con una intensidad inolvidable. La pensión donde dormíamos era en realidad un apartamento moderno a pocos pasos de la Villa Borghese, cuya dueña ocupaba dos alcobas y alquilaba cuartos a estudiantes extranjeros. La llamábamos María Bella, y era guapa y temperamental en la plenitud de su otoño, y siempre fiel a la norma sagrada de que cada quien es rey absoluto dentro de su cuarto. En realidad, la que llevaba el peso de la vida cotidiana era su hermana mayor, la tía Antonieta, un ángel sin alas que le trabajaba por horas durante el día, y andaba por todos lados con su balde y su escoba de jerga lustrando más allá de lo posible los mármoles del piso. Fue ella quien nos enseñó a comer los pajaritos cantores que cazaba Bartolino, su esposo, por el más hábito que le quedó de la guerra, y quien terminaría por llevarse a Margarito a vivir en su casa cuando los recursos no le alcanzaron para los precios de María Bella.
         Nada menos adecuado para el modo de ser de Margarito que aquella casa sin ley. Cada hora nos reservaba una novedad, hasta en la madrugada, cuando nos despertaba el rugido pavoroso del león en el zoológico de la Villa Borghese. El tenor Ribero Silva se había ganado el privilegio de que los romanos no se resintieran con sus ensayos tempraneros. Se levantaba a las seis, se daba su baño medicinal de agua helada y se arreglaba la barba y las cejas de Mefistófeles, y sólo cuando ya estaba listo con la bata de cuadros escoceses, la bufanda de seda china y su agua de colonia personal, se entregaba en cuerpo y alma a sus ejercicios de canto. Abría de par en par la ventana del cuarto, aún con las estrellas del invierno, y empezaba por calentar la voz con fraseos progresivos de grandes arias de amor, hasta que se soltaba a cantar a plena voz. La expectativa diaria era que cuando daba el do de pecho le contestaba el león de la villa Borghese con un rugido de temblor de tierra.
         — Eres San Marcos reencarnado, figlio mio –exclamaba la tía Antonieta asombrada de veras—. Sólo él podía hablar con los leones.
         Una mañana no fue el león el que dio la réplica. El tenor inició el dueto de amor del Otello: Già nella notte densa s’estingue ogni clamor. De pronto, desde el fondo del patio, nos llegó la respuesta en una hermosa voz de soprano. El tenor prosiguió, y las dos voces cantaron el trozo completo, para solaz del vecindario que abrió las ventanas para santificar sus casas con el torrente de aquel amor irresistible. El tenor estuvo a punto de desmayarse cuando supo que su Desdémona invisible era nada menos que la gran María Caniglia.
         Tengo la impresión de que fue aquel episodio el que le dio un motivo válido a Margarito Duarte para integrarse a la vida de la casa. A partir de entonces se sentó con todos en la mesa común y no en la cocina, como al principio, donde la tía Antonieta lo complacía casi a diario con su guiso maestro de pajaritos cantores. María Bella nos leía de sobremesa los periódicos del día para acostumbrarnos a la fonética italiana, y completaba las noticias con una arbitrariedad y una gracia que nos alegraban la vida. Uno de esos días contó, a propósito de la santa, que en la ciudad de Palermo había un enorme museo con los cadáveres incorruptos de hombres, mujeres y niños, e inclusive varios obispos, desenterrados de un mismo cementerio de padres capuchinos. La noticia inquietó tanto a Margarito, que no tuvo un instante de paz hasta que fuimos a Palermo. Pero le bastó una mirada de paso por las abrumadoras galerías de momias sin gloria para formularse un juicio de consolación.
         — No son el mismo caso –dijo—. A estos se les nota enseguida que están muertos.
         Después del almuerzo Roma sucumbía en el sopor de agosto. El sol de medio día se quedaba inmóvil en el centro del cielo, y en el silencio de las dos de la tarde sólo se oía el rumor del agua, que es la voz natural de Roma. Pero hacia las siete de la noche las ventanas se abrían de golpe para convocar el aire fresco que empezaba a moverse, y una muchedumbre jubilosa se echaba a las calles sin ningún propósito distinto que el de vivir, en medio de los petardos de las motocicletas, los gritos de los vendedores de sandía y las canciones de amor entre las flores de las terrazas.
         El tenor y yo no hacíamos la siesta. Íbamos en su vespa, él conduciendo y yo en la parrilla, y les llevábamos helados y chocolates a las putitas de verano que mariposeaban bajo los laureles centenarios de la Villa Borghese, en busca de turistas desvelados a pleno sol. Eran bellas, pobres, cariñosas, como la mayoría de las italianas de aquel tiempo, vestidas de organiza azul, de popelina rosada, de lino verde, y se protegían del sol con las sombrillas apolilladas por las lluvias de la guerra reciente. Era un placer humano estar con ellas, porque saltaban por encima de las leyes del oficio y se daban el lujo de perder un buen cliente para irse con nosotros a tomar un café bien conservado en el bar de la esquina, o a pasear en las carrozas de alquiler por los senderos del parque, o a dolernos de los reyes destronados y sus amantes trágicas que cabalgaban al atardecer en el galoppatorio. Más de una vez les servíamos de intérpretes con algún gringo descarriado.
         No fue por ellas que llevamos a Margarito Duarte a la Villa Borghese, sino para que conociera el león. Vivía en libertad en un islote desértico circundado por un foso profundo, y tan pronto como nos divisó en la otra orilla empezó a rugir con un desasosiego que sorprendió a su guardián. Los visitantes del parque acudieron sorprendidos. El tenor trató de identificarse con su do de pecho matinal, pero el león no le prestó atención. Parecía rugir hacia todos nosotros sin distinción, pero el vigilante se dio cuenta al instante de que sólo rugía por Margarito. Así fue: para donde él se moviera se movía el león, y tan pronto como se escondía dejaba de rugir. El vigilante, que era doctor en letras clásicas de la universidad de Siena, pensó que Margarito debió estar ese día con otros leones que lo habían contaminado de su olor. Aparte de esa explicación, que era inválida, no se le ocurrió otra.
         — En todo caso –dijo— no son rugidos de guerra sino de compasión.
         Sin embargo, lo que impresionó al tenor Ribera Silva no fue aquel episodio sobrenatural, sino la conmoción de Margarito cuando se detuvieron a conversar con las muchachas del parque. Lo comentó en la mesa, y unos por picardía, y otros por comprensión, estuvimos de acuerdo en que sería una buena obra ayudar a Margarito a resolver su soledad. Conmovida por la debilidad de nuestros corazones, María Bella se apretó la pechuga de madraza bíblica con sus manos empedradas de anillos de fantasía.
         — Yo lo haría por caridad –dijo—, si no fuera porque nunca he podido con los hombres que usan chaleco.
         Fue así como el tenor pasó por la Villa Borghese a las dos de la tarde, y se llevó en ancas de su vespa a la mariposita que le pareció más propicia para darle una hora de buena compañía a Margarito Duarte. La hizo desnudarse en su alcoba, la bañó con jabón de olor, la secó, la perfumó con su agua de colonia personal, y la empolvó de cuerpo entero con su talco alcanforado para después de afeitarse. Por último le pagó el tiempo que ya llevaban y una hora más, y le indicó letra por letra lo que debía hacer.
         La bella desnuda atravesó en puntillas la casa en penumbras, como un sueño de la siesta, y dio dos golpecitos tiernos en la alcoba del fondo. Margarito Duarte, descalzo y sin camisa, abrió la puerta.
         — Buona sera giovanotto –le dijo ella, con voz y modos de colegiala—. Mi manda il tenore.
         Margarito asimiló el golpe con una gran dignidad. Acabó de abrir la puerta para darle paso, y ella se tendió en la cama mientras él se ponía a toda prisa la camisa y los zapatos para atenderla con el debido respeto. Luego se sentó a su lado en una silla, e inició la conversación. Sorprendida, la muchacha le dijo que se diera prisa, pues sólo disponían de una hora. Él no se dio por enterado.
         La muchacha dijo después que de todos modos habría estado el tiempo que él hubiera querido sin cobrarle ni un céntimo, porque no podía haber en el mundo un hombre mejor comportado. Sin saber qué hacer mientras tanto, escudriñó el cuarto con la mirada, y descubrió el estuche de madera sobre la chimenea. Preguntó si era un saxofón. Margarito no le contestó, sino que entreabrió la persiana para que entrara un poco de luz, llevó el estuche a la cama y levantó la tapa. La muchacha trató de decir algo, pero se le desencajó la mandíbula. O como nos dijo después: Mi si gelò il culo. Escapó despavorida, pero se equivocó de sentido en el corredor, y se encontró con la tía Antonieta que iba a poner una bombilla nueva en la lámpara de mi cuarto. Fue tal el susto de ambas, que la muchacha no se atrevió a salir del cuarto del tenor hasta muy entrada la noche.
         La tía Antonieta no supo nunca qué pasó. Entró en mi cuarto tan asustada, que no conseguía atornillar la bombilla en la lámpara por el temblor de las manos. Le pregunté qué le sucedía. “Es que en esta casa espantan”, me dijo. “Y ahora a pleno día”. Me contó con una gran convicción que, durante la guerra, un oficial alemán degolló a su amante en el cuarto que ocupaba el tenor. Muchas veces, mientras andaba en sus oficios, la tía Antonieta había visto la aparición de la bella asesinada recogiendo sus pasos por los corredores.
         — Acabo de verla caminando en pelota por el corredor –dijo—. Era idéntica.
         La ciudad recobró su rutina de otoño. Las terrazas floridas del verano se cerraron con los primeros vientos, y el tenor y yo volvimos a la tractoría del Trastévere donde solíamos cenar con los alumnos de canto del conde Carlo Calcagni, y algunos compañeros míos de la escuela de cine. Entre estos últimos, el más asiduo era Lakis, un griego inteligente y simpático, cuyo único tropiezo eran sus discursos adormecedores sobre la injusticia social. Por fortuna, los tenores y las sopranos lograban casi siempre derrotarlo con trozos de ópera cantados a toda voz, que sin embargo no molestaban a nadie aun después de la media noche. Al contrario, algunos trasnochadores de paso se sumaban al coro, y en el vecindario se abrían ventanas para aplaudir.
         Una noche, mientras cantábamos, Margarito entró en puntillas para no interrumpirnos. Llevaba el estuche de pino que no había tenido tiempo de dejar en la pensión después de mostrarle la santa al párroco de San Juan de Letrán, cuya influencia ante la Sagrada Congregación del Rito era de dominio público. Alcancé a ver de soslayo que lo puso debajo de una mesa apartada, y se sentó mientras terminábamos de cantar. Como siempre ocurría al filo de la media noche, reunimos varias mesas cuando la tractoría empezó a desocuparse, y quedamos juntos los que cantaban, los que hablábamos de cine, y los amigos de todos. Y entre ellos, Margarito Duarte, que ya era conocido allí como el colombiano silencioso y triste del cual nadie sabía nada. Lakis, intrigado, le preguntó si tocaba el violonchelo. Yo me sobrecogí con lo que me pareció una indiscreción difícil de sortear. El tenor, tan incómodo como yo, no logró remendar la situación. Margarito fue el único que tomó la pregunta con toda naturalidad.
         — No es un violonchelo –dijo—. Es la santa.
         Puso la caja sobre la mesa, abrió el candado y levantó la tapa. Una ráfaga de estupor estremeció el restaurante. Los otros clientes, los meseros, y por último la gente de la cocina con sus delantales ensangrentados, se congregaron atónitos a contemplar el prodigio. Algunos se persignaron. Una de las cocineras se arrodilló con las manos juntas, presa de un temblor de fiebre, y rezó en silencio.
         Sin embargo, pasada la conmoción inicial, nos enredamos en una discusión sobre la insuficiencia de la santidad en nuestros tiempos. Lakis, por supuesto, fue el más radical. Lo único que quedó claro al final fue su idea de hacer una película crítica con el tema de la santa.
         — Estoy seguro –dijo— que el viejo Cesare no dejaría escapar este tema.
         Se refería a Cesare Zavattini, nuestro maestro de argumento y guión, uno de los grandes de la historia del cine y el único que mantenía con nosotros una relación personal al margen de la escuela. Trataba de enseñarnos no sólo el oficio, sino una manera distinta de ver la vida. Era una máquina de pensar argumentos. Le salían a borbotones, casi contra su voluntad. Y con tanta prisa, que siempre le hacía falta la ayuda de alguien para pensarlos en voz alta y atraparlos al vuelo. Sólo que al terminarlos se le caían los ánimos. “Lástima que haya que filmarlo”, decía. Pues pensaba que en la pantalla perdería mucho de su magia original. Conservaba las ideas en tarjetas ordenadas por temas y prendidas con alfileres en los muros, y tenía tantas que ocupaban una alcoba de su casa.
         El sábado siguiente fuimos a verlo con Margarito Duarte. Era tan goloso de la vida, que lo encontramos en la puerta de su casa de la calle Angela Merici, ardiendo de ansiedad por la idea que le habíamos anunciado por teléfono. Ni siquiera nos saludó con la amabilidad de costumbre, sino que llevó a Margarito a una mesa preparada, y él mismo abrió el estuche. Entonces ocurrió lo que menos imaginábamos. En vez de enloquecerse, como era previsible, sufrió una especie de parálisis mental.
         — Ammazza! –murmuró espantado.
         Miró a la santa en silencio por dos o tres minutos, cerró la caja él mismo, y sin decir nada condujo a Margarito hacia la puerta, como a un niño que diera sus primeros pasos. Lo despidió con unas palmaditas en la espalda. “Gracias, hijo, muchas gracias”, le dijo. “Y que Dios te acompañe en tu lucha”. Cuando cerró la puerta se volvió hacia nosotros, y nos dio su veredicto.
         — No sirve para el cine –dijo—. Nadie lo creería.
         Esa lección sorprendente nos acompañó en el tranvía de regreso. Si él lo decía, no había no que pensarlo: la historia no servía. Sin embargo, María Bella nos recibió con el recado urgente de que Zavattini nos esperaba esa misma noche, pero sin Margarito.
         Lo encontramos en uno de sus momentos estelares. Lakis había llevado a dos o tres condiscípulos, pero él ni siquiera pareció verlos cuando abrió la puerta.
         — Ya lo tengo —gritó—. La película será un cañonazo si Margarito hace el milagro de resucitar a la niña.
         — ¿En la película o en la vida? —le pregunté.
         Él reprimió la contrariedad. "No seas tonto", me dijo. Pero enseguida le vimos en los ojos el destello de una idea irresistible. "A no ser que sea capaz de resucitarla en la vida real", dijo, y reflexionó en serio:
         — Debería probar.
         Fue sólo una tentación instantánea, antes de retomar el hilo. Empezó a pasearse por la casa, como un loco feliz, gesticulando a manotadas y recitando la película a grandes voces. Lo escuchábamos deslumbrados, con la impresión de estar viendo las imágenes como pájaros fosforescentes que se le escapaban en tropel y volaban enloquecidos por toda la casa.
         — Una noche —dijo— cuando ya han muerto como veinte Papas que no lo recibieron, Margarito entra en su casa, cansado y viejo, abre la caja, le acaricia la cara a la muertecita, y le dice con toda la ternura del mundo: “Por el amor de tu padre, hijita: levántate y anda”.
         Nos miró a todos, y remató con un gesto triunfal:
         — ¡Y la niña se levanta!
         Algo esperaba de nosotros. Pero estábamos tan perplejos, que no encontrábamos qué decir. Salvo Lakis, el griego, que levantó el dedo, como en la escuela, para pedir la palabra.
         — Mi problema es que no lo creo —dijo, y ante nuestra sorpresa, se dirigió directo a Zavattini—: Perdóneme, maestro, pero no lo creo.
         Entonces fue Zavattini el que se quedó atónito.
         — ¿Y por qué no?
         — Qué sé yo —dijo Lakis, angustiado—. Es que no puede ser.
         — Ammazza! —gritó entonces el maestro, con un estruendo que debió oírse en el barrio entero—. Eso es lo que más me jode de los estalinistas: que no creen en la realidad.
         En los quince años siguientes, según él mismo me contó, Margarito llevó la santa a Castelgandolfo por si se daba la ocasión de mostrarla. En una audiencia de unos doscientos peregrinos de América Latina alcanzó a contar la historia, entre empujones y codazos, al benévolo Juan XXIII. Pero no pudo mostrarle la niña porque debió dejarla a la entrada, junto con los morrales de otros peregrinos, en previsión de un atentado. El Papa lo escuchó con tanta atención como le fue posible entre la muchedumbre, y le dio en la mejilla una palmadita de aliento.
         — Bravo, figlio mio —le dijo—. Dios premiará tu perseverancia.
         Sin embargo, cuando de veras se sintió en vísperas de realizar su sueño fue durante el reinado fugaz del sonriente Albino Luciani. Un pariente de éste, impresionado por la historia de Margarito, le prometió su mediación. Nadie le hizo caso. Pero dos días después, mientras almorzaban, alguien llamó a la pensión con un mensaje rápido y simple para Margarito: no debía moverse de Roma, pues antes del jueves sería llamado del Vaticano para una audiencia privada.
         Nunca se supo si fue una broma. Margarito creía que no, y se mantuvo alerta. Nadie salió de la casa. Si tenía que ir al baño lo anunciaba en voz alta: "Voy al baño". María Bella, siempre graciosa en los primeros albores de la vejez, soltaba su carcajada de mujer libre.
         — Ya lo sabemos, Margarito —gritaba—, por si te llama el Papa.
         La semana siguiente, dos días antes del telefonema anunciado, Margarito se derrumbó ante el titular del periódico que deslizaron por debajo de la puerta: Morto il Papa. Por un instante lo sostuvo en vilo la ilusión de que era un periódico atrasado que habían llevado por equivocación, pues no era fácil creer que muriera un Papa cada mes. Pero así fue: el sonriente Albino Luciani, elegido treinta y tres días antes, había amanecido muerto en su cama.
         Volví a Roma veintidós años después de conocer a Margarito Duarte, y tal vez no hubiera pensado en él si no lo hubiera encontrado por casualidad. Yo estaba demasiado oprimido por los estragos del tiempo para pensar en nadie. Caía sin cesar una llovizna boba como el caldo tibio, la luz de diamante de otros tiempos se había vuelto turbia, y los lugares que habían sido míos y sustentaban mis nostalgias eran otros y ajenos. La casa donde estuvo la pensión seguía siendo la misma, pero nadie dio razón de María Bella. Nadie contestaba en seis números de teléfono que el tenor Ribero Silva me había mandado a través de los años. En un almuerzo con la nueva gente de cine evoqué la memoria de mi maestro, y un silencio súbito aleteó sobre la mesa por un instante, hasta que alguien se atrevió a decir:
         —Zavattini? Mai sentito.
         Así era: nadie había oído hablar de él. Los árboles de la Villa Borghese estaban desgreñados bajo la lluvia, el galoppatoio de las princesas tristes había sido devorado por una maleza sin flores, y las bellas de antaño habían sido sustituidas por atletas andróginos travestidos de manolas. El único sobreviviente de una fauna extinguida era el viejo león, sarnoso y acatarrado, en su isla de aguas marchitas. Nadie cantaba ni se moría de amor en las tractorías plastificadas de la Plaza de España. Pues la Roma de nuestras nostalgias era ya otra Roma antigua dentro de la antigua Roma de los Césares. De pronto, una voz que podía venir del más allá me paró en seco en una callecita del Trastévere:
         — Hola, poeta.
         Era él, viejo y cansado. Habían muerto cinco Papas, la Roma eterna mostraba los primeros síntomas de la decrepitud, y él seguía esperando. “He esperado tanto que ya no puede faltar mucho más”, me dijo al despedirse, después de casi cuatro horas de añoranzas. “Puede ser cosa de meses”. Se fue arrastrando los pies por el medio de la calle, con sus botas de guerra y su gorra descolorida de romano viejo, sin preocuparse de los charcos de lluvia donde la luz empezaba a pudrirse. Entonces no tuve ya ninguna duda, si es que alguna vez la tuve, de que el santo era él. Sin darse cuenta, a través del cuerpo incorrupto de su hija, llevaba ya veintidós años luchando en vida por la causa legítima de su propia canonización.             Agosto 1981


¿Cuál es el título del cuento?

¿Quién es el autor del cuento?

¿Cuál es la posición del narrador en la historia?

Nombre a los personajes principales

Describe a los personajes principales: físico, psicológica y social.

Nombre dos personajes secundarios

Describe a los personajes secundarios: físico, psicológico y social.

Describe el ambiente o lugar:

Escribe el resumen del cuento

Busca en la lectura 5 palabras desconocidas y busca su significado.

Busca la biografía del autor de la narración.

Cambia el final del cuento siguiendo el estilo de la narración

¿Qué valores encuentras en el cuento?

Dibuja la escena del cuento que más te guste.

"Platero," primer capítulo de Platero y yo

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

— Tiene acero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

 

Responde a las preguntas con frases completas. Intenta no copiar directamente del texto.


1.   1. ¿Cómo es Platero físicamente? ¿Qué tipo de animal es?

2.   2. ¿Cómo son sus ojos?

3.   3. ¿Qué adjetivo usa el autor para describir el trotecillo de Platero? ¿Cómo es su personalidad?

4.   4. ¿Qué le gusta comer a Platero? ¿Es normal para un animal comer fruta?

5.   5. ¿Qué adjetivos usa J.R. Jiménez para comparar a Platero con los niños? ¿Qué tiene Platero en común con las piedras?

6.  6. ¿Qué piensan de Platero los hombres del campo?

Preguntas de interpretación

1. Responde a las preguntas con frases completas.

2. Preguntas de interpretación

3. Responde a las preguntas con frases completas.

Señala en el cuento

4.  Los adjetivos en color rojo.

5.  Las metáforas en color verde.

6.  Las comparaciones en color azul.

4.     7. Relaciona las palabras de la izquierda (que aparecen en las oraciones) con la categoría gramatical a la que pertenecen. Nombres, adjetivos y verbos.


 

1.     8.. Relaciona las palabras de la izquierda (que aparecen en las oraciones) con la categoría gramatical a la que pertenecen. Pronombres, Determinantes y Adverbios.



Clasifica los siguientes determinantes;


Haga 40 oraciones donde utilice adverbio preposiciones, adjetivos y conjunciones -10 de cada uno-.

Roximenez












EL TEXTO: PROPIEDADES TEXTUALES.

 MECANISMOS DE COHERENCIA Y COHESIÓN

El PARRAFO

El párrafo es la unidad mínima de un texto compuesto por una o más oraciones que desarrollan una idea. La palabra párrafo se deriva del latín tardío paragraphus.

Es el fragmento de un texto y está formado por un conjunto de oraciones principales y secundarias, estas últimas conocidas como subordinadas, relacionadas de manera lógica y coherente entre sí a fin de desarrollar un determinado tema. Las oraciones de un párrafo se distinguen por estar separadas por puntos y seguidos.

En referencia a lo anterior, la oración principal trata de la idea central del texto, es decir, presenta los aspectos más importantes del tema que, a su vez, serán desarrollados en las oraciones secundarias que consisten en fundamentar y ampliar lo enunciado en la oración principal.

En este sentido, se debe resaltar la importancia del orden de las ideas que componen a cada párrafo a fin de que se mantenga la coherencia a lo largo de todo el texto.


Es decir, entre un párrafo y otro debe haber un hilo conector que los relacione sin perder el sentido de la información, de esta manera, el lector puede percibir el texto como una unidad de información clara.


Ahora bien, en cuanto al tamaño del párrafo, no existe un límite como tal que determine su extensión máxima, ya que, esto es variable según la temática del que trate el texto. Por ello, en un mismo texto es común encontrar párrafos extensos o cortos, lo importante es su coherencia y el sentido de las ideas.


Por ello, un conjunto de párrafos son los que forman un texto el cual puede ser narrativo, descriptivo, expositivo, diálogo, un artículo de prensa, entre otros.

Por otra parte, el párrafo se puede identificar con el signo tipográfico (§), conocido también como signo de sección, que indica el comienzo de un párrafo o las divisiones internas de un capítulo. Este signo existe en el programa Word con el fin de que el escritor posea conocimientos de cuantos párrafos tiene redactados.

Así mismo se pueden ajustarlos los párrafos de un texto empleando diversas herramientas como el de alineación, interlineado, sangrado, bordes, tamaño de la fuente, entre otros.


Características del párrafo

Los párrafos están compuestos por una serie de elementos y reglas gramaticales que lo hacen fácil de identificar en los textos, entre los que se encuentran:

Iniciar con un pequeño espacio en blanco, denominado sangría.

Iniciar con mayúscula en la primera palabra del párrafo.

Están formados por una o más oraciones.

Se emplea el punto y aparte para cerrar la idea de cada párrafo y continuar con el siguiente.



Cohesión y coherencia

La coherencia, como tal, es la unión que debe de existir entre las ideas de un texto, presentando unidad y sentido global en el mismo. Para ello, es necesario el uso correcto de los recursos que presenta la cohesión, que son esenciales para formar las relaciones entre los elementos de un texto.

Algunos de los recursos de cohesión son repetición, en el caso de enfatizar una idea, sustitución de las palabras por sinónimos o antónimos, el uso de pronombres, conjugaciones, enlaces gramaticales, entre otros.

Coherencia textual

La coherencia textual es la característica que se asocia a los textos en los cuales se identifica, entre las unidades que lo componen (oraciones, párrafos, secciones o partes), relaciones de coherencia que permiten reconocerlos como entidades semánticas unitarias. En este sentido, para que un texto tenga coherencia textual, es necesario que las diversas ideas que lo construyen, tanto las principales como las secundarias, se encuentren vinculadas lógica y eficazmente de modo que el lector pueda identificar el significado global del texto.


Coherencia textual

La coherencia textual es la característica que se asocia a los textos en los cuales se identifica, entre las unidades que lo componen (oraciones, párrafos, secciones o partes), relaciones de coherencia que permiten reconocerlos como entidades semánticas unitarias. En este sentido, para que un texto tenga coherencia textual, es necesario que las diversas ideas que lo construyen, tanto las principales como las secundarias, se encuentren vinculadas lógica y eficazmente de modo que el lector pueda identificar el significado global del texto.



Decimos que un libro tiene coherencia textual, por ejemplo, cuando encontramos que entre todos los capítulos o partes que lo componen están ensamblados en función de un tema central. Esta misma característica debe poder ser identificada a niveles estructurales inferiores, en las relaciones que se establecen entre las distintas oraciones y párrafos que componen cada sección o capítulo del libro.


Coherencia global

Como coherencia global se conoce la unidad temática de un texto, es decir, aquella según la cual se compone un texto cuyo significado gira en torno a un tema central. En este sentido, la coherencia global nos permite apreciar un texto como una totalidad dotada de sentido. Como tal, la coherencia global funciona a un macronivel, dotando de relaciones de significado a las distintas partes de un texto.









Recordemos y practiquemos



1.       Numera las oraciones y escribe un párrafo de 30 renglones. Ten en cuenta la lógica de cohesión que imponen las palabras subrayadas:

 

______ Al día siguiente, encontré el techo cubierto de granizo.

______Durante la noche no llovió.

______ Al trabajar lloviznó perezosamente,

______ pero un ruido sordo se escuchaba en el techo.

 

____________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________

 

2.       Lee el párrafo y subraya la oración que contiene la idea principal.

"Mis amigos"

Los amigos comparten nuestros secretos. Los amigos comparten momentos felices y tristes. También con ellos compartimos los juguetes, libros y algunos objetos personales. Con los amigos podemos contar en cualquier momento, ya que siempre son solidarios y amables con nosotros. De todas las cosas buenas que hay, los amigos son lo mejor.

3. Escribe: ¿Cuál es la diferencia básica entre un párrafo inductivo y uno deductivo para la presentación de un tema?

4.  Lee cada uno de los párrafos.

Párrafo 1

El cine domo es un tipo de proyección que se hace en una cúpula. La sala está varios metros por debajo de su base y las sillas se ubican en un piso inclinado. Cuando empieza la película, las imágenes aparecen en todo el techo, de modo que las personas sienten como si hicieran parte de ella.

Párrafo 2

Un grupo de investigadores de Cataluña, España, diseñó un microchip de vigilancia que permite a los profesores y padres observar los movimientos de los niños a cierta distancia. Este dispositivo se coloca en la ropa y no tiene efectos negativos.

a. Deduce si son expositivos, descriptivos o narrativos y explica el por qué.

b.  ¿Cuál es la idea principal de cada uno de los anteriores párrafos?

-Párrafo 1: ________________________________________

 

-Párrafo 2: ________________________________________

 c. ¡Por qué es divertido el cine domo?

 d. ¿Para qué sirve el microchip que inventaron en Cataluña?

 5. Escribe al frente el tipo de párrafos que utilizarías para las siguientes situaciones:

 a. Laura, está en Alemania y su mejor amiga desea contarle una anécdota que le ocurrió en su fiesta de cumpleaños.

 b. Quiero enseñarle a mi hermano menor qué es la malaria, los casos en que puede darse, las investigaciones que han realizado sobre ella y quién inventó su vacuna.

a.   Miguel quiere escribir las características de su deporte favorito.


6. Completa las siguientes oraciones:

a. Las palabras que nos indican movimientos o estados se les llaman ________________ o ____________.

b. Las acciones en infinitivo terminan en ________, _______, _________.

c. Los verbos ser o estar son _________________.

d. Escribir, caminar, preguntar, estudiar, reír son ___________________________.

e. Los diminutivos son __________________________________________________.

f. Las aumentativos son _________________________________________________.

 

Escribe tres verbos terminados en:

7.  Encierra los verbos en las siguientes oraciones.

a. Marta fabrica cometas con papel de colores.

b. La araña teje su telaraña con un hilo muy fino.

c. Mi amigo Rubén y yo vamos al colegio en autobús.

d. Catalina es la niña más hermosa del colegio.

e. Bogotá es la capital de Colombia.

 

EJERCICIOS DE COHERENCIA

1) Después de llegar al campus, me fui a mi habitación y deshice el equipaje. Nunca he sabido por qué mis padres se compraron aquel coche

 

2) Los niños se alegraron al abrir los regalos que estaban junto al árbol de navidad. Las clases estaban acabando y ya tenían ganas de que llegaran las navidades.

 

3) Hay varias ideas en que se defienden en el libro. La obra es una crítica feroz contra la globalización.

 

Propuesta de trabajo

1) Señala dónde están los problemas de coherencia en estos textos

2) Elige uno de ellos y escribe un texto de 30 renglones presentando las ideas de una manera coherente

2) copia mejorando la cohesión de estos breves textos:

a) El otro día en la calle me encontré con unos amigos. Los amigos me contaron que habían comprado una moto. Habían comprado la moto con un dinero que habían ganado en verano. En verano habían estado trabajando para ganar dinero y comprar una moto.

b) Tener animales en casa es muy agradable. También tener animales en casa tiene problemas. Tienes que sacar a los animales a pasear y tienes que llevarlos al veterinario. Hay personas que no quieren tener animales en su casa. No quieren tener animales por varias razones. Algunas personas tienen alergia a los animales. Otras personas no pueden cuidar a los animales.

c) Mis padres vivían en una casa junto a un campo de fútbol. Mis padres siempre van a ver los partidos de fútbol y antes también iban a ver los partidos. Ahora mis padres viven en el campo. Se mudaron al campo porque quieren vivir ahora una vida más tranquila y siempre han vivido junto a un campo de fútbol. Hay mucho ruido junto a un campo de fútbol.

Completa el siguiente texto usando algunos de los conectores propuestos:

¿Por qué el cine americano se ha impuesto de tal modo al europeo hasta el punto de amenazarlo de extinción? Algunos claman que a causa de la pura fuerza del dólar. Pero es algo que no ha pasado en literatura, ni en pintura, ni en música sinfónica, ni en gastronomía, ni en periodismo. Los dólares compran casi todo, pero no aniquilan casi nada. Otros, _____________, arguyen la más simple razón del triunfo: que las películas americanas son mejores. _____________, el que una película sea considerada buena o mala es algo desesperadamente subjetivo; y, _____________ cualquiera que sea el baremo que se aplique, es incontrovertible que bastantes películas europeas son estupendas y muchas películas americanas son pésimas. Lo que, _____________, sí puede afirmarse es que las películas americanas gustan por lo común más a la gente. ¿Por qué?


Campos semánticos

 Llamamos campo semántico a un grupo de palabras que están relacionadas por su significado. (Un conjunto) de palabras que se relacionan por su significado forman un grupo semántico.

 

Ejemplos: Animales: Vertebrados conejo, pato, vaca, gallina, paloma, cordero, cerdo, ganso, pavo... todas forman parte de un, conjunto semántico, por su relación entre sí.

 

Sin embargo, Invertebrados: Hormigas, escarabajo y mariposa pertenecen al grupo semántico de: los insectos.

 

Aunque cada cual tiene un significado diferente, todos pertenecen al grupo de los animales y ello los convierte en (un conjunto) y parte de una familia, animal. Siendo todos, parte entonces de un grupo semántico (o grupo animal, en este caso).

 

Por ejemplo, son los de:  Ceiba, Caguas, Ponce, San juan, Santurce, Aguadilla, Lares, Orocovis, Fajardo o Carolina. (Semánticamente son, puertorriqueños)


Un campo semántico es un conjunto de palabras o elementos significantes con significados relacionados.

Los campos semánticos son conjuntos de palabras, cuyo significado tienen algo en común, de ahí que se le llame campo, aunque cada palabra tenga su propio significado.

Algunos ejemplos de campos semánticos son:

Guanábana, fresa, plátano, guayaba, kiwi, sandía, melón, uva y papaya; todas son frutas aunque su sabor sea muy diferente y cada una tenga sus propias características.

Asuntos escolares:

Pluma, sacapuntas, bolígrafo, cuaderno, mochila, libro de texto, goma y regla; todos estos son artículos escolares, y si se asoman en su mochila, seguramente encontrarán muchos más.

Es muy importante tomar en cuenta que las palabras que forman parte de un mismo campo semántico se relacionan de alguna forma, por pertenecer al mismo conjunto de cosas. Pero ¿para qué nos sirve saber esto? Por ejemplo, si quieren escribir un cuento que se desarrolle en la selva, pueden hacer un campo semántico de esta región natural, esto es escribir todas las palabras que se les ocurran acerca de ella, esto les ayudará a generar ideas. (juntar todas las palabras relacionadas a la selva)

También ejercitan la mente al formar conceptos generales a partir de ideas particulares, en el caso de formar un campo semántico con las palabras cerdo, pollo, caballo, vaca, gallo, ganso, sabemos que estamos hablando de animales pero con una característica más específica, lo que nos da el campo semántico de los animales de granja.

Para elaborar un campo semántico más completo, a veces es necesario investigar más, por ejemplo si van a hablar de la tabla periódica de los elementos, su campo semántico quedaría más o menos así: oxígeno, radio, litio, carbono, mercurio, sodio, zinc.

 

Relación de significado. Llamamos campo semántico a un grupo de palabras que están relacionadas por su significado.


Completa las oraciones siguientes con las palabras adecuadas del campo semántico de irrealidad.

Y busca en el diccionario los términos desconocidos creando un vocabulario.

espejismo - delirio - ficción - fantasía - alucinación - sueño - quimera - utopía


Y completa las oraciones con los verbos utilizando coherencia.

Las novelas son obras de .
Pedro tiene una  desbordante.
El paciente sufre de .
El explorador vio un  en el desierto.
Tu plan es irrealizable; es una .
Mi  es ser un buen pianista.
Ese hombre tiene  de grandeza.
Quiere ser astronauta pero eso es una .

Las siguientes palabras pertenecen al campo semántico del teatro. Colócalas junto a su definición.



De las siguientes palabras, unas pertenecen al sentido del olfato y otras al del oído. Colócalas correctamente.


Busca las palabras correspondientes a cada definición y escríbelas.


IInvestiga Y escribe 5 ejemplos de Palabras homófonas, y parónimas.

Construye una oración simple y una compuesta con cada palabra.

 

 VOCES DE ANIMALES:

 

Trinar es la voz de los pájaros. De la misma manera:

 

1. Gluglutear ( )          A. Gato

2. Zurear (   )                          B. Serpiente

3. Balar (  )                            C. Pantera

4. Barritar (  )                         D. Paloma

5. Graznar ( )              E. Rana, sapo

6. Parpar (  )                         F. Elefante

7. Crotorar (  )             G. Oveja, cabra

8. Himplar (   )             H. Cuervo

9. Tautear  (   )            I. Pato

10. Ulular (  )                         J. Cigüeña

11. Croar (  )                           K. Búho

12. Maullar (  )            L. Zorra

13. Gruñir (   )             M. Cerdo

14. Aullar (   )              N. Lobo, coyote

15. Silbar (  )                          O. Pavo


PALABRAS COLECTIVAS:  Dan la idea de conjuntos, ahora organiza el pareado con su respectivo significado.

 

1. Antología  (   )                           A. Hojas o ramas

2. Archipiélago  (   )                     B. Familias nómades

3. Alameda  (   )                            C. Peñascos, rocas

4. Bouquet  (   )                             D. Bueyes

5. Piara  (   )                                   E. Islas

6. Recua  (   )                                 F. Álamos

7. Boyada  (   )                              G. Fieles o cristianos

8. Muta o jauría  (   )                     H. Flores

9. Cardumen  (   )                          I. Cerdos

10. Enjambre  (   )                         J. Huesos

11. Serrallo o harén  (   )             K. Animales de carga

12. Aquelarse  (   )                        L. Abejas

13. Parnaso  (   )                           M. Chiquillos

14. Constelación  (   )                           N. Concubinas

15. Hojarasca  (   )                        Ñ. Perros

16. Sementera  (   )                       O. Brujos

17. Bandada  (   )                          P. Estrellas

18. Episcopado  (   )                    Q. Obras literarias

19. Cordillera  (   )                         R. Hojas secas

20. Osamenta  (   )                        S. Poetas

21. Grey o feligresía  (   )             T. Semillas

22. Fronda  (   )                             U. Aves

23. Clero  (   )                                V. Obispos

24. Horda  (   )                               W. Peces

25. Golfería  (  )                                      X. Montañas

26. Roquedad  (   )                       Y. Sacerdotes

27. Parvada  (   )                            Z. Vagabundos


A manera de conclusión





Tomaremos este taller por dos notas; así que seremos responsables en su realización.


Roximénez R